Trauma y reprocesamiento emocional
Terapia EMDR: qué es, cómo funciona y para qué sirve
Una de las terapias con mayor respaldo científico para tratar el trauma. Te explico en qué consiste, cómo ayuda al cerebro a reprocesar experiencias dolorosas y cuándo conviene plantearse empezar.
Por Judith Martínez Costa · Psicóloga General Sanitaria (col. AO14404) · Lectura: 9 min
En este artículo
Cuando vivimos una experiencia muy dolorosa o amenazante, el cerebro a veces no consigue procesarla de forma normal. En lugar de archivarse como un recuerdo del pasado, esa experiencia queda «atascada», con toda su carga de imágenes, sensaciones físicas y emociones intactas. Por eso un ruido, un olor o una fecha pueden reactivarla años después como si volviera a ocurrir. La terapia EMDR trabaja precisamente sobre esos recuerdos que no han terminado de cerrarse.
Qué es la terapia EMDR
EMDR son las siglas en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing, que en español traducimos como Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares. Es un abordaje psicoterapéutico estructurado, desarrollado por la psicóloga estadounidense Francine Shapiro a finales de los años ochenta, orientado a ayudar a la persona a reprocesar recuerdos traumáticos o perturbadores para que dejen de generar malestar en el presente.
Su rasgo más característico es que no exige revivir el trauma con todo lujo de detalles ni narrarlo una y otra vez. Para muchas personas, contar verbalmente lo que vivieron es en sí mismo doloroso e incluso puede reactivar el malestar. EMDR permite trabajar el recuerdo desde un lugar más seguro, lo que la convierte en una opción especialmente cuidadosa para quienes han pasado por experiencias difíciles de poner en palabras.
Cómo funciona: el cerebro y la memoria del trauma
Durante una sesión de EMDR, mientras la persona evoca brevemente el recuerdo diana, el terapeuta introduce lo que llamamos estimulación bilateral: movimientos oculares de un lado a otro, pequeños golpecitos alternos (tapping) o sonidos que van pasando de un oído al otro. Esta estimulación que alterna ambos hemisferios parece facilitar que el cerebro retome el procesamiento natural del recuerdo, de un modo similar a lo que ocurre durante la fase REM del sueño, cuando organizamos lo vivido durante el día.
A medida que avanza el trabajo, el recuerdo va perdiendo intensidad emocional. La imagen sigue ahí, pero deja de venir acompañada de la angustia, la tensión corporal o las creencias negativas sobre uno mismo («fue culpa mía», «estoy en peligro», «no valgo») que se habían quedado pegadas a él. En su lugar se instalan creencias más adaptativas y realistas.
Conviene ser honesta en este punto: aunque la eficacia del EMDR para el trauma está bien demostrada, la comunidad científica todavía debate por qué exactamente funciona la estimulación bilateral. Lo que sí está claro es el resultado clínico, que es lo que de verdad importa cuando alguien busca alivio.
Las 8 fases de la terapia EMDR
EMDR no consiste en «mover los ojos» sin más. Es un protocolo estructurado en ocho fases, aplicable tanto a adultos como a niños, que garantiza que el trabajo se haga con seguridad y de forma ordenada:
- Historia clínica. Conocer tu situación, tu historia y los recuerdos que conviene trabajar.
- Preparación. Explicarte el método y dotarte de recursos de estabilización y calma antes de empezar.
- Evaluación. Identificar el recuerdo diana, la imagen que lo representa, la creencia negativa asociada y las sensaciones físicas.
- Desensibilización. Aplicar la estimulación bilateral hasta que el recuerdo deja de resultar perturbador.
- Instalación. Reforzar una creencia positiva y realista que sustituya a la antigua.
- Examen corporal. Comprobar que no queda tensión ni malestar físico asociado al recuerdo.
- Cierre. Devolver la sensación de equilibrio y estabilidad al final de cada sesión.
- Reevaluación. Revisar en la sesión siguiente lo trabajado y decidir los próximos pasos.
Para qué se utiliza
La indicación con mayor evidencia y para la que se diseñó originalmente es el trastorno de estrés postraumático (TEPT): las secuelas de accidentes, agresiones, catástrofes, abusos o cualquier vivencia que haya desbordado nuestra capacidad de afrontamiento.
Con el tiempo, y con una base de evidencia cada vez mayor, el EMDR ha ampliado sus aplicaciones a otras dificultades en las que casi siempre hay experiencias dolorosas en la base:
Aplicaciones más frecuentes
Duelo y pérdidas difíciles de elaborar; ansiedad y ataques de pánico; fobias; experiencias de la infancia que siguen condicionando la vida adulta; duelo gestacional y partos traumáticos; y el acompañamiento de niños y adolescentes que han vivido situaciones que les han marcado.
En estas otras áreas la evidencia es prometedora y crece año a año, aunque no es tan extensa como en el TEPT. Por eso, en consulta, valoro siempre cada caso de forma individual antes de proponer EMDR como parte del tratamiento.
Su aval científico
El EMDR no es una moda ni una pseudoterapia. Está reconocido como tratamiento eficaz para el trauma por las principales autoridades sanitarias internacionales:
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo incluyó en sus directrices en 2013; la American Psychological Association (APA) lo recomienda para el TEPT; y la guía NICE del sistema de salud británico lo sitúa entre las terapias de primera línea para el trauma. En España cuenta también con el respaldo de instituciones sanitarias de referencia. Diversos metaanálisis lo señalan como tan eficaz como la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, en ocasiones alcanzando resultados en menos sesiones.
EMDR en niños y adolescentes
El protocolo EMDR se adapta muy bien a la población infantil y juvenil, porque no depende de que el niño sepa explicar con palabras lo que le pasa. A través del juego, el dibujo y un lenguaje ajustado a su edad, podemos trabajar miedos, pesadillas recurrentes, episodios de acoso escolar, separaciones, o el impacto de acontecimientos que han alterado su mundo. En los más pequeños, además, el trabajo se realiza siempre en colaboración con las figuras de cuidado.
EMDR y trauma perinatal
La etapa perinatal —embarazo, parto y posparto— es un momento de enorme vulnerabilidad emocional. Un parto traumático, una pérdida gestacional, un ingreso del bebé o una experiencia de la maternidad que distó mucho de lo esperado pueden dejar una huella que no siempre se resuelve con el paso del tiempo. El EMDR ofrece un espacio respetuoso para reprocesar esas vivencias y poder mirar hacia esa etapa sin que siga doliendo. Es una de las áreas en las que más me especializo dentro de la psicología perinatal.
Preguntas frecuentes
¿La terapia EMDR funciona de verdad?
Sí. Para el trauma y el estrés postraumático cuenta con evidencia científica sólida y el aval de la OMS, la APA y la guía NICE. Su eficacia es comparable a la de las terapias de trauma mejor estudiadas.
¿Cuántas sesiones de EMDR voy a necesitar?
Depende de cada persona y de si se trata de un único recuerdo o de un trauma más complejo y prolongado en el tiempo. Algunos casos puntuales se resuelven en pocas sesiones; otros requieren un acompañamiento más largo. En la primera visita podemos hacer una estimación realista.
¿Tendré que revivir el trauma en detalle?
No. Una de las ventajas del EMDR es que no exige narrar la experiencia una y otra vez. Se trabaja el recuerdo desde un lugar seguro, sin necesidad de describirlo con todo lujo de detalles.
¿El EMDR sirve para la ansiedad o solo para el trauma?
Su indicación con mayor respaldo es el trauma y el TEPT. En cuadros de ansiedad, fobias o duelo la evidencia es prometedora y creciente, sobre todo cuando hay experiencias dolorosas en la base. Cada caso se valora de forma individual.
¿Se puede hacer EMDR online?
Sí. El protocolo puede aplicarse por videoconferencia de forma segura, con la misma estructura que en consulta presencial.
¿Crees que el EMDR puede ayudarte?
Si hay una experiencia que sigue pesando en tu día a día, podemos valorarlo juntas en una primera visita, sin compromiso.
Pedir primera citaEste artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración psicológica individualizada. Si estás atravesando un momento de crisis, busca apoyo profesional o contacta con los servicios de emergencia.
